martes, 27 de abril de 2010

El Masón y su familia



EL MASON Y SU FAMILIA

Desde sus orígenes, la Francmasonería se ha erigido como una Institución tendiente al perfeccionamiento individual y social, precursora de los más altos logros humanos y promotora de los grandes avances de la civilización. Esto es reconocido en todos los niveles de la sociedad en la cual nos toca vivir. Su naturaleza eminentemente humanista y fraternal, se ha hecho ver y sentir en los momentos trascendentales del desarrollo histórico universal, a través de hombres y mujeres de pensamiento, sentimiento y acción que, como semillas esparcidas sobre la superficie terrestre, han trabajado en su nombre, haciendo germinar y florecer las ciencias y las artes, la virtud y la moral. Toda institución de orden universal y tendiente a extender sus manos brindando ayuda fraterna, es promovida desde los Templos, donde se descubren los mas claros sentimientos que el Masón tiene en su interior, que son la base del pensamiento humanístico.
Son hombres y mujeres que trabajan incansablemente en la búsqueda de que la humanidad se vea finalmente libre de los cuatro jinetes del Apocalipsis que tantas veces han asolado la tierra. La peste, el hambre, la guerra y la peor de todas, la indiferencia.
Por ésta razón, a más de muchas otras cuya exposición sería interminable, toda aquella persona que se digne de pertenecer a nuestra Augusta Orden, debe sentirse orgullosa pero también comprometida, al reconocer que no puede haber edificio sin columnas, sin ladrillos, sin el material a utilizar como argamasa, o sin las herramientas idóneas de la construcción, pero como así tampoco, sin constructor y sin proyecto.
Debo hacer hincapié en que el prestigio de la Institución descansa precisamente en el producto del trabajo material, moral e intelectual de sus miembros, que se pone siempre como ejemplo de rectitud y que ellos son al mismo tiempo materia prima, planeadores y ejecutores de la Gran Obra.
En efecto, llamarse masón, sentirse masón, es asumir una responsabilidad moral, al respetar y aplicar en los hechos, los principios y enseñanzas que la Institución ofrece. Participar de y en la Francmasonería, es, en el más amplio sentido de la palabra, estar consciente de haber contraído al ingresar, al mismo tiempo que determinados derechos, ciertos deberes inherentes a la calidad de Masón, tanto para consigo mismo como para con su familia, su trabajo y su comunidad. Nunca debemos olvidar que para el Masón, los sagrados lazos del matrimonio y de la familia son realmente lo mas importantes, en cuanto al tiempo que este debe dedicar al perfeccionamiento propio y del entorno que lo rodea. Sus familiares y amigos al observar el ejemplo de vida que conlleva un Masón, deben de sentir la necesidad de pertenecer a la Orden para tratar de llegar e igualar como ideal, que ese hombre con mayúsculas, da a la familia y la sociedad en la cual convive.
En la actividad cotidiana, esta tríada "masón-familia-sociedad" debe forzosamente estar vinculada entre sus elementos, de forma tal que interactúen, formándose y reformándose en un constante y permanente ciclo de perfeccionamiento. Reflexionando sobre los conceptos hasta aquí vertidos, es seguro que saltarán al paso preguntas que algunos de ustedes quizá ya se hayan formulado con anterioridad, como las siguientes:
¿Qué relaciones existen entre el masón y su familia? ¿Qué deberes y derechos implican para uno y para otra tales nexos? ¿qué relación hay entre el masón y su consorte?
Tratare de acercarme a la respuesta: Por lo general, el familiar o el amigo de un masón desconoce lógicamente los objetivos que éste persigue al participar en las actividades de carácter masónico, tal vez porque nunca se le haya ocurrido preguntar o bien, porque piensa que el hacerlo sería una indiscreción de su parte, posiblemente molesta o incomoda para el que tendría que responder... ¡Nada menos cierto! Al ingresar a nuestra benemérita y Augusta Institución - como ya se expresó con anterioridad -, el masón se hace sujeto de deberes y derechos para con él mismo, la sociedad y su familia.
Para consigo mismo, el masón tiene el derecho de ejercer su condición de hombre libre y honesto, moralmente un ejemplo para la sociedad, pero tiene injustificadamente, la obligación de hacerlo con responsabilidad, siempre procurando no lesionar los derechos de los demás y actuando constantemente como ente equilibrante en todo conflicto. Tiene además, la prerrogativa de estudiar y conocer para ejercitar su perfeccionamiento constante, para aplicarlo en la vida diaria, de construirse a sí mismo como obrero y material de su propia Obra, consciente de que esta, es la clave del mejoramiento propio, y por consiguiente, de su familia, su sociedad y de su entorno.
Para con su sociedad, el masón tiene el derecho de que se respete el ejercicio de su pensamiento libre, y la obligación de aplicar todos y cada uno de los frutos de su Trabajo constructor para el bien de su comunidad. Para con su familia, el masón tiene el deber de aplicar los conocimientos y experiencias adquiridas en materia de humanismo, arte, ciencia, moral, filosofía, y por sobre todo de fraternidad en beneficio de sus hijos, de sus padres, de sus hermanos y en general, de todos aquellos seres queridos que le rodean, para que en un ambiente de armonía y concordia pueda lograr junto con ellos, la unión y el desarrollo integral de la familia de la que es un miembro importante y a la cual reconoce como motor de la formación y transformación social y por consiguiente estará construyendo el edificio donde descansa la gran sociedad que es su patria, mas tarde, sumando el esfuerzo de millares de brazos unidos, en todo el orbe, este movimiento que comenzó con la familia, se transformara en Universal.
Por su parte, la familia tiene el derecho a exigir de su pariente o amigo masón la aplicación de los conocimientos morales, humanísticos, didácticos, que él recibe de la Orden y a su vez, el deber, la obligación moral para con él, de apoyar e impulsar su actividad masónica, alentándolo al estudio y la aplicación práctica de la filosofía, la doctrina y la moral masónicas, a insistirle en que asista con puntualidad y regularidad a los trabajos de su logia, ayuda fraternal a sus amigos, hermanos y la sociedad en general.
Todo aquel que se jacte de ser masón tiene el derecho frente a su familia de ser respetado en su individualidad y personalidad masónicas; a que ella lo motive a seguir luchando por la consecución de la Verdad y de la Virtud, dedicando, un poco de su tiempo al perfeccionamiento integral de sí mismo en provecho de su familia, y de la sociedad. Si bien es cierto que los miembros de nuestra Augusta Orden participan directamente en el desarrollo de la humanidad en todos sus aspectos, tanto o más lo es, el que sus familiares y amigos deban ser los primeros beneficiarios y al mismo tiempo los más valiosos colaboradores en la consecución de los fines que la propia masonería persigue, deben de ser tolerantes y comprender que a veces este, el Masón, se debe al deber de trabajar y estar hombro a hombro con sus pares para obtener los resultados que son inherentes a su cometido.
Familiares, y amigos de nuestros Hermanos: ¡Pregunten!, ¡Alienten!, ¡Exijan! Si les queda alguna duda o necesitan aclaraciones sobre lo que aquí expuse, si lo que les acabo de expresar, en pensamientos y palabras, despertaron en ustedes alguna curiosidad, me complazco en decirles con conocimiento de causa que tienen en sus casas, muy cerca de ustedes, a la persona idónea para dar solución a sus interrogantes, deben de sentirse orgullosos de tener un pariente o amigo que es masón.
No olviden también que los masones tienen el deber al secreto y a la discreción. Ustedes, el derecho de gozar de los frutos del perfeccionamiento humano, que el, consigue en la labor que tiene constantemente, en su vida, de estudio y meditación, en el silencio sagrado de los Templos.
Sus Maestros son la vida diaria y sus pares, sus brazos se agrandan de tal manera que terminan abarcando el orbe, estrechando a la humanidad entera, junto a toda la vida evolucionante de nuestro planeta, sobre su corazón.
H.·. Ararat.
M.·. M.·.
Solsticio, verano 2007 (e.·.v.·.)

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